sábado, 27 de septiembre de 2014

La Atlántida era una civilización marítima.

Ilustración de Pauline Battell

Descendientes de la Atlántida en Cádiz





El equipo de geólogos y arqueólogos dirigido por el profesor americano Richard Freund, académico de la Universidad de Hartford, en Connecticut, ha invertido dos años de trabajos con el patrocinio de la National Geographic y la ayuda de fotografías de satélite, radares capaces de penetrar la tierra, cartografía digital y tecnología submarina. Y de acuerdo a sus conclusiones, narradas para la televisión en un documental especial, la Atlántida, con su peculiar diseño circular, estuvo situada ni más ni menos que al NO de la provincia española de Cádiz, en lo que hoy es el Parque Nacional de Doñana.
 

Refuerza esta hipótesis la existencia de restos de otras "ciudades monumento" construidas siguiendo el peculiar trazado circular de la Atlántida. Obras situadas en otras partes de España y atribuidas a supervivientes de la destrucción de la mítica ciudad descripta en las cercanías del estrecho de Gibraltar.

El Mapa de Piri Reis


Piri Reis (Pīrī Re’īs), anteriormente Hājjī Mehmet, fue un almirante, marino y cartógrafo del Imperio Otomano, nacido en 1.465.
Hombre de gran cultura, hablaba turco, árabe, griego, español y francés.

¿De dónde obtuvo este mapa donde se describe tan detalladamente la Antártida sin hielo?


La Biblioteca de Pérgamo (Turquía) fue en la Antigüedad la segunda en importancia después de la de Alejandría.


Ambas compitieron por un tiempo en calidad, número de volúmenes e importancia.
Los reyes de Pérgamo fueron coleccionistas de arte y otros temas y sobre todo bibliófilos y tuvieron una gran preocupación por la cultura (como los ptolemaicos en Egipto). Estaban interesados en convertir su capital, Pérgamo, en una ciudad como Atenas en la época de Pericles.
El rey de Pérgamo Átalo I Sóter fue el fundador de la biblioteca y su hijo Eumenes II fue el que la agrandó y fomentó; llegó a acumular hasta 200.000 volúmenes (otras fuentes hablan de 300.000). Allí se estableció una escuela de estudios gramaticales, como había sucedido en Alejandría, pero con una corriente distinta; en Alejandría se editaban textos literarios y se hacía crítica gramatical; en Pérgamo se inclinaron más a la filosofía, sobre todo a la filosofía estoica, a la búsqueda de la lógica.
Los volúmenes de Pérgamo eran copiados en un material llamado pergamino. En esta biblioteca se guardaron como un gran tesoro y durante cien años los manuscritos de Aristóteles, sin hacer ediciones y sin publicarse. Sólo cuando llegaron a Roma y bajo la insistencia y el empeño del político y escritor Cicerón se procedió a editarlos y darlos a conocer no sólo a los estudiosos de las bibliotecas sino a todo el que quisiera leerlos.
En el año 47 a. C. ocurrió el incendio de Alejandría y parte de su biblioteca, a raíz de los enfrentamientos por mar entre el ejército egipcio y Julio César. Más tarde, como recompensa por las pérdidas, Marco Antonio habría mandado al Serapeo de Alejandría los volúmenes de la biblioteca de Pérgamo, que ya había sido saqueada con anterioridad por causa de las luchas políticas que hubo en Asia Menor en aquellos años.

El Imperio Otomano durante el reinado de Selím I tuvo bajo su égida a Egipto durante los siglos XVI y XVII; es probable que de ahí hayan recuperado material que fuera previamente de la Biblioteca de Pérgamo.

La esfinge y los secretos

Dibujo de Pauline Battell:
El Laberinto es subterráneo, y la Esfinge representa siempre al vigilante, al guardián de los secretos ocultos.
La de la ilustración es una esfinge griega, pero representada como esfinge egipcia, lo que dice claramente que los griegos heredaron la sabiduría atlántica a travéz de los egipcios.
El hecho de que se le atribuya su procedencia de Tifón (Tzunami) y Quimera (algo en lo que creemos pero que no existe), es muy ilustrativo.
Los filósofos griegos son los continuadores de la Atlántida.

 
Pauline Battell